Hay lugares que forman parte de tu historia sin que te des cuenta. Para mí, este tiovivo es uno de ellos. Lo he visitado desde que era niña, y con cada vuelta me recordaba que, incluso desde pequeños, podemos sentir ese propósito profundo que nace del alma.
A lo largo de los años, ese propósito se va forjando, moldeando y fortaleciendo con cada experiencia, con cada paso que damos. Igual que dar vueltas en el tiovivo, la vida nos lleva a reencontrarnos con lo que realmente importa, a crecer y a reformar lo que queremos ser.
Hoy, al mirar esta foto, siento que cada vuelta ha sido parte del camino hacia ese propósito que me guía y me inspira día a día. Porque a veces, lo que nace ne la infancia se convierte en el motor de toda una vida profesional y personal.